Divorcios

Un sistema de desvínculos: para que los callados no se hagan preguntones, para que los opinados no se vuelvan opinadores. Para que no se junten los solos, ni junte el alma sus pedazos.
El sistema divorcia la emoción y el pensamiento como divorcia el sexo y el amor, la vida íntima y la vida pública, el pasado y el presente. Si el pasado no tiene nada que decir al presente, la historia puede quedarse dormida, sin molestar, en el ropero donde el sistema guarda sus viejos disfraces.
El sistema nos vacía la memoria, o nos llena la memoria de basura, y así nos enseña a repetir la historia en lugar de hacerla. Las tragedias se repiten como farsas, anunciaba la célebre profecía. Pero entre nosotros, es peor: las tragedias se repiten como tragedias.

—Eduardo Galeano

Fotografías de menores: ¿protegemos su intimidad?

Llevo tiempo queriendo escribir algo sobre la protección de datos y, en especial, en referencia a los niños. Recientemente me he encontrado con alguna petición inusual de acceso a datos de carácter personal. Unido a esto y, coincidiendo con las Fallas, veo las redes inundadas de fotografías de niños menores y siempre pienso lo mismo: antes de publicar una fotografía de un menor en internet hay que hacerse dos preguntas

  1. ¿cuál es el objetivo de publicar la foto?
  2. ¿va en contra de los derechos y la intimidad del menor?

Buscando información al respecto, la propia Agencia Española de Protección de datos nos ofrece dos documentos realmente interesantes y que invito a todos a leer.

El primero al que quiero hacer referencia incluye unas recomendaciones donde se incluyen los Derechos de niños y niñas y Deberes de los padres y madres. Aunque el documento está muy orientado a padres y madres en unos apartados y a los menores en otros, creo que puede ser de utilidad no sólo al plantearnos la gestión o cesión de datos de los menores, sino para cualquiera que se enfrente por primera vez a una reflexión sobre la protección de datos.

Podéis descargar el archivo desde la propia agencia en el siguiente enlace:

https://www.agpd.es/portalwebAGPD/canal_joven/common/pdfs/recomendaciones_menores_2008.pdf

El segundo documento es algo más técnico, pero creo yo, de obligada lectura, fundamentalmente para padres, madres (incluyo aquí a las AMPAs) y personal docente.

Este documento es la respuesta a una consulta sobre la publicación no consentida en la página web de un centro escolar de fotografías de una alumna con motivo de la realización de diversas actividades extraescolares. Se trata del informe 0194/2009 del gabinete jurídico de dicha agencia.

Podéis leer el documento en la web de la Agencia Española de Protección de Datos a partir del siguiente enlace:

https://www.agpd.es/portalwebAGPD/canaldocumentacion/informes_juridicos/derecho_acceso_rectificacion_cancelacion_oposicion/common/pdfs/2009-0194_Fotos-de-menor-publicadas-en-p-aa-gina-web-del-colegio.-Ejercicio-de-derecho-de-cancelaci-oo-n.pdf

Debemos empezar a tener conciencia de que las fotografías que podamos tomar a cualquiera, no pueden ser publicadas sin consentimiento expreso de la persona (si es mayor de 14 años) o de sus tutores (si son menores de 14 años). Esto es especialmente importante si hablamos de la difusión tecnológica: una fotografía que difundimos por cualquier medio electrónico, queda inmediatamente fuera de nuestro control. Incluso, en las condiciones de uso de muchos de estos sitios, en el acuerdo de uso del servicio (que normalmente pasamos de largo sin una lectura detallada) realizamos una cesión explícita de los derechos de nuestras publicaciones. Esto es especialmente sensible en menores sobre los que nosotros mismos debemos tomar la decisión… sobre su intimidad. Dicha publicación constituye una cesión o comunicación de datos de carácter personal, definida por el artículo 3j) de la LOPD como «Toda revelación de datos realizada a una persona distinta del interesado».

Por último, como recomendación más importante, entendamos que la cesión de datos siempre es para un fin concreto y, por tanto, tendremos que desconfiar de los formulario de cesión donde no se explica quién, cómo y para qué se van a usar los datos, ni las consecuencias de la «no cesión».

El candado rojo de Gmail

Basta buscar un poco por internet para conseguir averiguar cuál es el significado. Para los técnicos, la explicación está en la propia documentación de gmail que podéis leer en este artículo de la base de conocimiento donde, básicamente, nos cuenta que el remitente del destinatario se puso en contacto con nosotros a través de un servidor de correo electrónico que no utiliza protocolos para cifrar o encriptar el contenido del mensaje.

¿Y esto qué tiene que ver conmigo? Te estarás preguntando. Pues bien, seguramente, si respondes al mensaje o escribes al remitente de un correo electrónico que ha sido marcado con el candado rojo, significará que, probablemente, el mensaje que tú envíes tampoco irá encriptado porque el servidor de correo de dicho remitente no usa esos protocolos. Esto significa, que cualquier información que incluyas en el mensaje es «relativamente» fácil de leer por cualquiera que se ponga a olisquear por internet con un poco de curiosidad y algo de mala intención.

Que los mensajes vayan encriptados no implica que nadie vaya a poder interceptarlos y leerlos, pero desde luego, es mucho más difícil que lo consigan. Por eso en la configuración de las cuentas de correo es importante usar servidores que soporten TLS o SSL por los puertos 25 o 465 con SSL yo 587 con TLS. Esta conversación habría que tenerla con el proveedor del servicio de correo electrónico.

En cualquier caso, siempre hay que recordar que mandar información sensible por correo electrónico siempre es un riesgo, pero que además aumenta si el correo electrónico viaja por la red sin cifrar de ninguna manera.

Esto es un paso adelante de Gmail por asegurar las comunicaciones, ahora, sólo falta que podamos encriptar con nuestro certificado digital sin necesidad de usar plugins de terceros, lo que sí que garantizaría de forma eficiente la privacidad de la comunicación entre dos usuarios por correo electrónico. Confío en que Google se esté planteando agregar estas y alguna que otra característica que echo de menos en el gestor de correo de Gmail por web y que me obliga, en ciertas ocasiones, a usar un cliente de escritorio «de los de toda la vida».

Privacidad, netiquette y derecho al olvido

Llevo tiempo queriendo escribir algo sobre la privacidad en la red y el derecho al olvido, que parece que se nos ha negado, desde que leí por primera vez el artículo Right To The Privacy de Warren and Brandeis que, aunque fue escrito en 1890 para la Harvard Law Review, es uno de los artículos de referencia en este tema y, bajo mi punto de vista sigue tan vigente hoy como cuando se escribió.

En aquel momento se planteaba la «facilidad» de difusión de la imagen pública de cualquier persona gracias a la cámara de fotos portátil, unida a la facilidad de impresión y distribución de un periódico. Hoy, el alcance es mucho mayor si tenemos en cuenta la amplia difusión que una publicación puede tener y lo relativamente fácil que puede convertirse en «viral».

Seguramente la mayoría tendréis en mente las grandes redes sociales más habituales en nuestro país como pueden ser Facebook o Twitter, pero el peligro no queda ahí, las aplicaciones de comunicación directa, bien sean las más clásicas como el correo electrónico, bien sean aplicaciones como Whatsapp, Telegram o Line, hacen que la difusión sea además «aparentemente privada». Esa sensación de enviarlo solamente a personas cercanas de nuestro entorno es, precisamente, lo que las hace más peligrosas: por un lado, no podemos controlar a quien o quienes se va a reenviar después (lo que equivaldría a un secreto a voces o el clásico cotilleo del pueblo); de otra parte, es tu entorno quien tiene acceso a tu intimidad (que quieres preservar) y no alguien a 5.000 kilómetros de distancia que, potencialmente, resulta menos «peligroso» y que afecta en menor medida a tu vida diaria.

El gran problema que se plantea no es que te fotografíen en un lugar público, sino que pueden hacerlo incluso en un lugar privado, desde la oficina o una celebración privada, hasta en el sofá de tu casa. En ese mismo momento te encuentras a merced de la ética y la moral de la persona que te fotografía.

A estas alturas podéis estar pensando en fotografías comprometidas o en situaciones bochornosas, pero no es esa la imagen en mi cabeza mientras escribo estas líneas. Pensaba más bien en situaciones aparentemente más «inocentes» o incluso cotidianas, hace tres años nos hicimos una fotografía juntos, tomando un café o en cualquier actividad que hiciéramos entonces, éramos amigos (elegid aquí el nivel de amistad que más os guste) y publicaste mi foto junto a ti… Hoy maldices el día en que me crucé en tu vida (olvidando, por supuesto, los buenos momentos y la ayuda prestada) y, aún así, me niegas mi «derecho al olvido». Yo puedo mirar para otro lado y seguir mi camino, cosa que ya hago, pero tú no permites que se «olvide» esa relación socialmente. De nuevo me pregunto si no tienes vida propia y necesitas la vida de los demás y salir junto a ellos en fotos (no, tranquilos, no hablo del «pequeño Nicolás») o si, de nuevo, es tu narcisismo agudo el que te lleva a ello.

En cualquier caso, la legislación vigente está en pañales en estos temas, pero, para mí, lo más grave es que a nivel social, sólo lo entendemos cuando la fotografía es nuestra, pero no cuando es de otra persona.

¿Cómo asegurar que esas fotos nuestras con personas con las que ayer teníamos relación y hoy no queremos tenerla no difunden e invaden nuestra privacidad? Simplemente: no podemos. Tal vez la madurez solucione este problema dentro de mucho, mucho tiempo… Mientras tanto yo, soy paciente y sigo reflexionando sobre ello.

¿Cuándo fue la última vez que te planteaste revisar tus fotos publicadas y dejar de exhibir a otras personas con las que perdiste relación y, desconoces o incluso intuyes que no querrían salir en una foto contigo en la actualidad?

Por si tenéis interés en leer el artículo Right to the privacy, aquí os dejo un enlace al artículo original en inglés:

The Right to Privacy

Sobre puertas cerradas

Mi abuela siempre decía que en una casa en la que las puertas estaban cerradas era porque las camas estaban sin hacer. Es por esto que, sobretodo últimamente, intento que en mis proyectos, y en los que simplemente participo, las cosas tengan pocas puertas cerradas y todo esté a la vista y bien claro.

Siempre habrá quien diga que esto puede quitar misterio al asunto y que, por tanto, todo resulta más aburrido. Pero es que yo no oposito para ser la alegría de la huerta, pero sí aspiro a la sinceridad tan absoluta como me sea posible.

Escribo esta pequeña reflexión sentado en el metro, rodeado de un buen número de personas extrañas, que no tienen una expresión mucho más alegre que la mía y me pregunto si tienen cerradas sus puertas en casa y cuánto de misterio… Aunque para mí, todas son misteriosas desconocidas.

Mientras pienso en puertas cerradas se me ocurre en lo difícil que resulta, a veces, cerrar una puerta a un tiempo pasado, y no por arrepentimiento, sentimiento demasiado cristiano para este momento de mi vida, sino por el cierre de un ciclo o el fin de un proyecto. Y es que las cosas se acaban, ¿saben ustedes? Pero algunas personas no saben dejarlas ir e intentan arrastrarte a ti con ellas en un intento de “actualización” de ese pasado, donde a la vez que te excluyen, intentan aprovechar una parte de tu historia. Me pregunto entonces, inevitablemente, si es por falta de ideas o de vida propia, si es con animadversión o simplemente un narcisismo agudo que les impide ver que tu pasado común con ellos es precisamente eso: común, lo que, por propia definición significa que no es solo suyo y, por tanto, no pueden disponer de él a su antojo.

Tú abres la puerta de tu casa, las puertas de tu vida e incluso las puertas de tu corazón… Te sinceras y dejas que lloren en tu sofá, te implicas en sus problemas haciéndolos tuyos y convirtiéndote en parte de la solución y ¿qué obtienes como respuesta? El deber de la adoración y, cuando decides no cumplir con ese deber impuesto convierten una parte importante de su vida a, de algún modo, intentar destruir la tuya, o al menos, una parte de ella.

Ni te dejan cerrar la puerta, ni la cierran ellos mismos…

De verdad que me asusta ver que unos años después siguen intentando pisarte a ti y a los tuyos. Me asusta que exista alguien así y me sorprende que un desconocido como yo, ni mejor ni peor que otro, pueda ser objeto y objetivo de estos comportamientos.

Me asusta y me sorprende.

Pero ahora que no nos oye nadie he de confesaros algo… No me detiene…

Los que me conocéis sabéis que Tesla es uno de mis científicos preferidos. En sus investigaciones sobre la corriente alterna de alta frecuencia patentó en 1891 (con sólo 35 años) un tipo de transformador resonante conocido popularmente como la bobina de Tesla. Originalmente Tesla pretendía transmitir energía eléctrica sin conductores, de hecho esta bobina genera unas descargas eléctricas visibles y aparece en películas y juegos de ordenador como un arma mortal.

Este dispositivo, muy popular entre ingenieros eléctricos y aficionados a la electrónica, también se ha utilizado como fuente de energía para la fotografía Kirlian (sí, os pongo el enlace a la Wikipedia para los que no sabéis de qué se trata).

En definitiva, lo que quería era enseñaros un par de vídeos, de los múltiples que podéis encontrar por ahí, para construir una mini-bobina Tesla en casa. Eso sí, una advertencia, las descargas eléctricas son reales y, aunque estas bobinas son pequeñas, pueden producir alguna quemadura en la piel y, por supuesto, estropear algún aparato eléctrico que esté a su alcance. Avisados estáis.

En cualquier caso, vale la pena verlos😉

Bobina de Tesla

Acunarte.

Bonita reflexión para un lunes…

Olvidemos esa guerra.

Origen: Acunarte.

Anarquía intelectual

Tras la cena, fue conducido al despacho de Potterley. Por un momento, se quedó perplejo en el umbral.

Las paredes estaban totalmente cubiertas de libros.

No películas. Las había, desde luego, pero superadas con mucho por los libros, impresos en papel.

Nunca hubiese pensado que existiesen aún tantos libros en buenas condiciones.

Foster se sintió molesto. ¿Con qué propósito guardaba tantos libros en casa? Seguramente estarían mejor en la biblioteca de la universidad o, en el peor de los casos, en la del congreso, si alguien quería tomarse la molestia de investigar fuera de los microfilms.

Había algo secreto en una biblioteca particular. Despedía una vaharada de anarquía intelectual.

—Isaac Asimov
El pasado muerto